Comercio ilegal de HFCs

Comercio ilegal de HFCs

Los HFCs son gases incoloros e inodoros a temperatura ambiente, compuestos por átomos de carbono, flúor e hidrógeno. Su síntesis es industrial y se usan como gases refrigerantes. Aunque en su momento fueron una alternativa sostenible a los CFCs y los HCFCs, los cuales tienen un papel significativo en el agotamiento de la capa de ozono, los HFCs son agentes intensificadores el efecto invernadero, ya que tienen un GWP (global warming potential, o potencial de calentamiento global) relativamente elevado.

Teniendo esto en cuenta, y con el fin de mitigar los efectos de estos gases en el cambio climático, la ONU estableció un acuerdo internacional para reducir su consumo: el Protocolo de Montreal (1987), y la posterior Enmienda de Kigali (2019), que fijan el objetivo de reducir la producción y el consumo de HFCs en un 80% en los próximos 30 años. En respuesta a este acuerdo, y para asegurar su cumplimiento, la Unión Europea estableció la F-gas, una regulación basada en un sistema de cuotas. Bajo esta regulación, a cada empresa se le otorga una cantidad de cuota anual para la importación de HFCs, que va disminuyendo gradualmente para impulsar la transición a alternativas con menor GWP.

A pesar de contribuir en gran parte a la disminución del consumo de HFCs en la UE, esta regulación ha traído consigo un efecto colateral indeseado: la aparición de un mercado negro para los HFCs. La existencia de un límite en la cantidad de HFCs que puede importar cada empresa genera un incremento en el precio de mercado de estos gases en la UE, el cual es significativamente superior al precio fuera de cuota y, por consiguiente, se genera una demanda de HFCs importados ilegalmente y no registrados bajo el sistema de cuotas de la F-gas.

La gran mayoría de estos HFCs importados ilegalmente provienen de China, desde donde viajan hacía Turquía y Ucrania para entrar en la UE a través de países fronterizos como Bulgaria o Rumanía. Una vez pasada la aduana de entrada, el gas se puede mover libremente dentro de la UE sin requerimiento alguno de demostrar si está registrado o no bajo la F-gas.

Si bien los cuerpos de seguridad de la UE protagonizan grandes esfuerzos para controlar y detener la importación ilegal de HFCs, los importadores cada vez aplican métodos más creativos para no ser detectados, como el etiquetado y declaración de HFCs como otros gases no sujetos al sistema de cuotas, el contrabando de HFCs en pequeñas cantidades dentro de autobuses o camiones, o el hecho de envolver los botellones en plástico negro para dificultar su identificación.

Un ejemplo reciente de esta actividad se ha visto en Granada, donde la Guardia Civil, en el marco de la operación “Ecogas”, ha detenido a seis personas implicadas en el comercio fraudulento de gases refrigerantes. Los detenidos anunciaban estos gases a través de diferentes páginas web como gases “ecológicos” sustitutos de fluorados para la refrigeración, a pesar de tratarse de derivados de hidrocarburos altamente inflamables y no aptos para dicho uso.

Sea cual sea el sistema de entrada y encubrimiento, la importación ilegal de HFCs conlleva un aumento del cambio climático, pone en peligro la seguridad de instaladores y usuarios de sistemas de refrigeración, y tiene un impacto económico en aquellos negocios que se adhieren a las regulaciones vigentes. Además, se ha visto que el comercio ilegal de refrigerantes está relacionado con delitos como el soborno, la corrupción, la evasión de impuestos, el crimen organizado, el blanqueo de capital y el tráfico de otras sustancias ilegales.

Es por este motivo que creemos fundamental resaltar la necesidad imperativa de invertir esfuerzos en reforzar la monitorización y declaración de los movimientos de estos gases, así como la imposición de medidas más estrictas en respuesta al incumplimiento de la normativa vigente.

Referencias:

  • EIA (2024), “More Chilling Than Ever – Tackling Europe’s ongoing illegal trade in HFC climate super pollutants”.
    Disponible en este enlace.
  • Ideal (2024), “Cae una empresa de Granada que vendió 30 toneladas de gases de refrigeración con alto riesgo de incendio”.
    Disponible en este enlace.

■ Equipo de comunicación

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